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Lo que está enterrado es una conciencia perversa

Sobre el caso de los papeles encontrados en el cementerio de Grecia

Lic. Jeffry Campos/ Pastor Luterano |
Lo que está enterrado es una conciencia perversa

Los recientes acontecimientos que se han estado ventilando en los últimos días sobre los posibles vínculos de grandes empresas constructoras  y  funcionarios públicos con el fin de poder acceder a beneficios  para el otorgamiento de concesiones de obra público, el ocultamiento  errores estructurales en los trabajos  adjudicados, así como el sobre precio de los costos finales nos debe hacer pensar  sobre  el peligro que en nuestro país se esté gestando una moral amaestrada, la cual es capaz de morder con ferocidad  cuando se tratan de temas de sexualidad, derechos reproductivos y reivindicaciones sociales de diversos grupos, y por otro lado, que estemos desarrollando una especie de resignación ante los hechos de corrupción , a tal punto que nuestra reacción no pase de un mero comentario en redes sociales.

Las pasadas dos compañas electorales tuvieron el bizarro espectáculo de orientar la discusión sobre temáticas, que siendo importantes, no responden a lo que una sociedad organizada debe solicitar del aparato administrativo de un país, como lo es la gestión trasparente y eficaz de los recursos públicos que son ni más ni menos que los dineros de todas las personas canalizamos por medio del sistema tributario vigente.

Lo ocurrido en le cementerio de Grecia, como hecho concreto, es indignante, pero al mismo tiempo, representa de forma muy fehaciente el hecho social al que nos enfrentamos como sociedad: se ha cometido un crimen y como resultado de este se ha enterrado el testimonio de este.  Es decir, estamos ante lo que desde el pensamiento de Platón se denomina una “ética de una banda de ladrones”, es decir: los que participan de la acción delictiva desarrollan un profundo sentido de lealtad (entre nosotros no nos robamos) pero en función a las victimas comunes se desarrolla un despiadado sentido de negligencia ética y moral que les impide ver en el acto del robo una negación de la dignidad del que está siendo despojado, muchas veces de sus bienes más fundamentales.  Desde esta perspectiva se trasgrede el no robaras realizando los actos de corrupción desde una conciencia tranquila. Como lo mencionó un Mélida Solís “Vamos a repartir pobreza.”[1]

Pero esta racionalidad perversa que se desarrolla dentro de los participantes de los actos de corrupción llega al punto de incluso ver los beneficios económicos recibidos desde la ilegalidad y la inmoralidad como dadivas divinas como lo menciona la Gerente de Proveeduría del CONAVI: “Mi carro viene de Dios”[2]

Finalmente es necesario repensar sobre las exigencias que como ciudadanos debemos plantearles a nuestras autoridades, tanto a las que se van a elegir como a las que están en plena gestión.

Es hora de que como ciudadanía tengamos una nueva sensibilidad antes estos terribles actos de corrupción, que no solo minan de forma peligrosa las finanzas del Estado, sino que pone en entredicho la misma institucionalidad democrática.

Daniel 13

"53. Tú dictabas sentencias injustas, condenabas a los inocentes y absolvías a los culpables, cuando el Señor ha dicho: «No harás morir al inocente justo»"
 


 

Última actualización: 13/08/2021