La vida como experiencia
Cuando se ha recorrido la vida y evaluamos esos momentos, a partir del instante en que se tuvo consciencia de ser seres integrados a este mundo, la sabiduría del pensador que siente ser humano, se fortalece plenamente para orgullo de la creación universal.
El ser humano ha sido el arquitecto de esta realidad. Una realidad que tenía su propio paisaje natural - espiritual - y material cuando se puso la mente a evolucionar en este mundo.
Es una evolución que a través del tiempo ha contado con una herramienta al servicio de cada individuo: La ética.
Aunque la ética es una herencia otorgada a todo ser humano, su utilización ha quedado a una aplicación que obedece al libre albedrío. A una actitud individual, que trae consecuencias colectivas.
Ese libre albedrío ha terminado en millones de casos, en una actitud de apego incondicional y ciego al materialismo como símbolo de poder.
El poder históricamente encuentra aliados incondicionales en la guerra, en la esclavitud aplicada de todas las formas inimaginables por mentes que no son consecuentes con su origen humano. También se encuentra en la sed de riqueza material llevada a niveles insospechados, en los lujos y la diversión lujuriosa pero sobre todo, en el placer de ver a millones implorando solidaridad, fraternidad, libertad, paz y justicia que nunca llega.
Cada quien arrastra su propia realidad y en esa corriente de actitudes insensatas, el río de la vida brinda la oportunidad de meditar, de reflexionar y poner cada acto personal y colectivo en una balanza que alimenta la consciencia.
Al final, la vida es una experiencia que permite enfrentar a los demonios que han perseguido he influenciado cada acto en que se ha participado como persona pero también la vida canaliza la virtudes y los aciertos en que como humanos, cada ser ha estado presente.
Toda esta realidad es el acto político diario de todos nosotros y está en nuestra naturaleza reflexionar sobre lo que se ha escapado de las manos, sobre lo que se ha tolerado con indiferencia, lo que se ha aceptado por ambición, lo que se ha capitalizado por simple servilismo o una renuncia a la esencia humana.
La ética, que es el oráculo de la pureza humana nunca se ha ido, no está muerta, pues la ética es la que justifica el equilibrio entre ese materialismo que ciega y ese espiritualismo que se ha abandonado.
La ética nos señala siempre el camino correcto, por tanto, usted y yo, tenemos la posibilidad de reflexionar y corregir.
Última actualización: 09/08/2023







