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Ese ciclista de los años 80

Ing. José Marvin Monge |
Ese ciclista de los años 80

Hoy los días son más cortos y las tradiciones son un cadáver. Pero aun así quiero contarte esta historia que representan a muchos ciclistas del mundo.  De todas formas ninguna cantidad de culpa va a cambiar el pasado y ninguna cantidad de ansiedad va a cambiar el futuro. Mi abuelo siempre decía que los años no perdonan.

En los 80s viajaba muy rápido, era joven, famoso  y talentoso. Recuerdo que al llegar apuntaba mi tiempo y mis sensaciones en un diario que aún conservo como un tesoro. Ahora soy viejo y la verdad me tardo un poco más en llegar,  sigo con el mismo dolor de piernas y la respiración agitada. Le aseguro que el ciclismo nunca ha sido fácil y si me tomo una foto es solo para el recuerdo.  

Te vuelves más predecible. Fui perdiendo rendimiento, algunas capacidades físicas y funcionales. Ya no era posible mantener cargas elevadas de entrenamiento, me fui sintiendo más cansado y se complicó aún más la recuperación. Ahora sé que mis fibras musculares lentas se van a mantener y tardan un poco más en fatigarse.

Ahora salgo menos días en bicicleta pero me río más, practico el desapego y trato de cortar el karma para que este no continúe. El peso de la bicicleta dejó de ser importante, ahora brindo por lo dulce, por lo amargo, por la alegría, por el dolor, por las 10.000 anécdotas vividas, por los amigos ganados y por aquellos que ya han partido.

Nací en épocas de tradiciones tratando de que la vida vaya siempre hacia adelante como las ruedas de mi bicicleta. Cuando salgo a entrenar lo hago con un cariño diferente que me permite volver a ser niño y dar esperanza a otros donde ya no la hay. 

Aún siento el afán por pedalear, por sentir el viento en la cara cada mañana, compartir, reír con mi compañero de pedal y abrazarlo porque aprendí que del mañana no sabemos nada. Aún tengo sueños que compartir. Con mis 150 kilómetros que hago por semana estoy en mejor estado de salud que cualquiera de mis compañeros de colegio.

A veces siento el motor en la espalda y el corazón en mis piernas que me permiten rebasar mis límites. Para mi dar pedal solo se compara con el ciclo de la vida que mueve conciencias y abre sonrisas.

Algún día llegará ese momento de emprender mi retirada y colgar el casco, pero lo haré con la frente en alto y la mirada firme. Lo pondré en mi habitación donde una vez puse mi primer trofeo. Me podrás encontrar cerca de ahí sentado al sol con una sonrisa en mis labios secos recordando alguna ruta y una de las tantas anécdotas que guardo en mi corazón. 

Un día dijo Khalil Gibran “La vida es como un río, volver atrás es imposible, solo le queda aceptar su naturaleza actual, entrar al gran océano y diluir sus miedos”.   

Última actualización: 07/06/2023