Columnistas

¿Cuándo me hice invisible? ¿Oh cuándo me hicieron invisible?

Francisco González /Artista plástico |
¿Cuándo me hice invisible? ¿Oh cuándo me hicieron invisible?

Vivimos en un país tan chiquito que parece increíble que una persona se sienta invisible. Pero suele suceder, los seres humanos somos los granos de arena de un desierto o de una playa. Ahí el viento hace las suyas, esos granos son arrastrados de un lugar a otro, chocan unos contra otros y ese movimiento no los hace crear amistades, no se unifica en una masa, como si fuera una "pelota" de barro, no importa el tamaño de la comunidad, el número de la población, pasamos frente a frente, nos sentamos, no existe un simple saludo de buenos días, buenas tardes, buenas noches, el abrazo murió, cuando aquellos súper machos decidieron que eso era propio de los homosexuales, se perdió la transmisión de energía positiva al amigo del fraterno golpe de palmadas en la espalda, se perdió la charla hermosa, ya fuera de lo profesional, lo familiar, los recuerdos de la infancia, las miles de aventuras, con pellejo, al que le llamamos bola de fútbol, al palo de escoba que le decíamos bate y a un sin fin de maravillosos momentos que la tecnología asesino.

En el pasado en una esquina un grupo de personas se reunían, se contaba los sin sabores de haber sido tronados en matemática, de comentar el caminar ondulante de la profe de Estudios Sociales, de las piernas preciosas de las chicas en Educación Física, de planear una serenata, todos bien catrines, con tenis, pues el suegro nos pegaba tremendo susto.

¿Dónde está la humanidad?

Solo los que vivimos estos años maravillosos, sabemos lo que es la felicidad. Sentados, con el celular en la mano todos entran a mundos irreales, desde lo increíble hasta ponerse en órbita, ya sea en familia, compañeros de estudio, aquí son tan dispersos y solitarios como el grano de arena.

Si llega a una institución pública o privada, algunos deseamos llevar un alta voz, poner el máximo volumen y decir ¡Buenos días!, es como saludar a un rebaño de vacas en el potrero pastizando. He conocido en mis setenta y tres años de vida a tanta gente, hoy me da miedo pensar mucho, el saludo nunca lo escucharon oh que nunca les dio el maní para tener un lapsus de cortesía. No estoy en contra de la tecnología...no,estoy en contra de que padres y madres de familia de a sus críos, tecnología que los envolverán y como una sustancia tóxica se apodere del poco cerebro en desarrollo.

Este distractor lo vemos en las iglesias, a la hora de visitar una soda, a la hora de conducir un vehículo, pero lo mejor de todo lo he visto en esos individuos que montan bicicletas, dijo: ese Chavalo nació con suerte. Los parques, centros comerciales, los servicios sanitarios, sí se escuchan sendas conversaciones.

El saludo casual murió, el gesto de levantar la mano desapareció, el mirar de arriba para abajo y viseversa ya pa qué. Si somos los sobrevivientes de la generación hierro, nos duele, somos seres sociables, luchadores, felices de nuestro pasado y aguevado de ver tanto joven desaprovechado, sin interés por la vida, por la aventura, por la caminata a la montaña, al río, por no tener metas para llegar a viejos llenos sabiduría y felicidad. Nos hicieron invisibles, somos el grano de arena que se perderá en el bastó mundo de la ignorancia. 

Última actualización: 11/04/2025