Opinión

¿Qué hacer ante una realidad que duele y preocupa enormemente?

Lic.Alba Quesada/vicealcaldesa de Grecia |
¿Qué hacer ante una realidad que duele y preocupa enormemente?

Hablar de las personas en situación de calle es cada vez más difícil. Es un tema que genera dolor, enojo, miedo y también mucha confusión. Lo que antes despertaba compasión, hoy provoca rechazo. No se trata solo de pobreza, sino de una convivencia rota. En muchos lugares, sus comportamientos, defecar en espacios públicos, dormir en parques, tener actitudes inapropiadas frente a niños y familias, han provocado un rechazo absoluto. Y es comprensible que la gente se sienta incómoda o atemorizada. Pero también debemos preguntarnos: ¿hasta dónde llega nuestra responsabilidad y hasta dónde la de ellos?

Hay una parte de este problema que se menciona poco, y es la familia. Muchos de ellos tuvieron un hogar, pero fueron abandonados por los suyos. Cuando caen en la calle, dejan de ser parte de una familia y se convierten en una carga que otros deben asumir. La sociedad, las municipalidades, los vecinos… todos tratamos de buscar soluciones a un problema que, muchas veces, nació en el corazón mismo de una casa. No se puede generalizar, porque hay familias que sí acompañan y sufren con ellos, pero la gran mayoría se desentiende. Cierran los ojos y dejan que sea la calle la que los reciba.

No es fácil ayudar. Algunos dicen que darles comida o abrigo solo agrava la situación, porque alimenta la dependencia y facilita el consumo de drogas o licor. Otros creen que negarse a ayudar es perder la humanidad. La verdad está en medio: no basta con dar, pero tampoco con ignorar.

Este es un problema mundial, profundo y doloroso. No hay una medicina mágica ni una receta segura. Pero sí hay una necesidad urgente de recuperar la parte humana: de exigir soluciones integrales, de fortalecer los programas de salud mental, de apoyar a las familias antes de que el abandono suceda. Porque detrás de cada persona en la calle hay una historia, y detrás de muchas de esas historias, hay una familia que dejó de mirar.

Y cuando una familia deja de mirar, también le deja un problema enorme al resto de la sociedad, que termina cargando con lo que alguna vez fue una responsabilidad compartida: cuidar, acompañar y no rendirse ante quien más necesita ser visto.

Última actualización: 18/10/2025