Gripe “estomacal”
Aunque el término no es médicamente correcto, algunas personas le llaman gripe “estomacal” a la infección intestinal producida generalmente por virus digestivos. Lo correcto es llamarla Gastroenteritis viral aguda. No es causada por los virus de la influenza ni puede ser evitada por la vacuna contra la gripe.
Esta enfermedad constituye la principal causa de muerte en los niños de países pobres y origina alrededor de 1,8 millones de fallecimientos cada año. Afecta especialmente con riesgo de enfermedad grave a los niños menores de 5 años, los adultos de edad avanzada, y a otras personas más jóvenes con enfermedades crónicas debilitantes.
En el país es común, sobre todo en el primer trimestre de cada año -época de frío-, un aumento significativo del número de casos tanto en niños como en adultos. En el 2022, por ejemplo, en algunas áreas de San José, hubo un incremento de hasta el 60% con respecto al año anterior. Lo usual, es que este aumento se de en forma de brotes. Basta una persona enferma y el descuido en la higiene de varias otras, para propiciar la diseminación acelerada del contagio.
La gastroenteritis se trasmite por agua o alimentos contaminados con virus. Las heces y el vómito de un paciente enfermo contienen pequeñas partículas de virus que disemina, si no se lava bien las manos a superficies u objetos utilizados por otras personas, si prepara alimentos y bebidas a otros, o si estrecha o toca las manos de otra persona. Los virus digestivos tienden a ser altamente contagiosos
Han sido descritos principalmente los Norovirus y los Rotavirus. Los primeros son los más comunes en el mundo y afectan tanto a adultos como niños. En Estados Unidos se estima que producen más del 90% de los brotes de gastroenteritis no bacteriana. Los segundos atacan casi exclusivamente a los niños menores de 5 años y producen cuadros agudos graves. En los recién nacidos hay una menor incidencia de la infección debido a los anticuerpos provenientes de la madre o los transmitidos por la leche materna. Sin embargo, a partir de los 3 meses de edad, el número de niños contagiados aumenta, con un pico entre los que tienen de 4 a 23 meses.
Entre los síntomas fundamentales están la diarrea acuosa y abundante, el dolor abdominal, las náuseas, los vómitos, y la fiebre que puede ser incluso alta en una tercera parte de los pacientes. En los adultos los síntomas se presentan entre 12 y 48 horas después de haber estado en contacto con el virus, y duran entre 1 y 3 días. En los niños, alrededor del segundo día, y pueden durar entre 3 y 8 días.
La deshidratación, definida como la pérdida abundante de agua y sales -cloro, sodio y potasio-, es la complicación más frecuente de la gastroenteritis. Produce síntomas y signos como sed extrema, lengua y boca seca, ojos hundidos, mareos, cansancio, orinas escasas y oscuras, llanto sin lágrimas, y piel deshidratada (signo del pliegue cutáneo positivo). Es siempre más grave en los niños pequeños.
El tratamiento se enfoca en aumentar la ingestión de líquidos y sales de rehidratación oral, ingerir alimentos de más fácil digestión (arroz, papa, tiquisque, sopa, fideos, frutas sin cáscara, pan, galletas y jugos), y en casos necesarios, mitigar con medicamentos, el vómito, la diarrea y la fiebre. Algunos casos necesitan hidratación y medicación endovenosa.
Los antibióticos no se usan por ser una infección producida por virus.
Finalmente, para reducir la incidencia de esta enfermedad contagiosa que nos afecta todos los años, lo más importante es la prevención.
Sobre todo, lavándonos bien y siempre las manos, antes de salir del baño, después de manipular heces o vómitos de alguien enfermo, y antes de preparar líquidos o alimentos. Una higiene impecable reduce al mínimo la posibilidad del contagio.
Los brotes agudos de vómitos y diarreas virales pueden evitarse.
Ante síntomas sospechosos, visite a su médico de confianza.
Última actualización: 25/02/2023







