Columnistas

Cosas

Lic. Javier Sánchez/Director Ejecutivo Hombres de Valor * Familia y Valores * P/C Global Coaching. |
Cosas

 

W. TOZER, en un escrito denominado “LA BENDICIÓN DE NO POSEER NADA”, en parte del mismo, indica lo siguiente: “Antes de que el Dios y Señor creara al hombre sobre la tierra, se lo preparó todo creando primero un mundo de COSAS útiles y agradables para su deleite y subsistencia.

En el relato de la creación que está en Génesis, las COSAS son llamadas simplemente “TODO”. Fueron hechas para el uso del hombre, pero siempre con el propósito de que fueran externas a él y que le sirvieran de ayuda. En lo más profundo del corazón del hombre había un santuario que nadie, sino Dios, era digno de ocupar. Dentro de él estaba Dios; y fuera del hombre, mil dones que Dios había derramado sobre él en abundancia. Pero el pecado introdujo complicaciones que hicieron que esos mismos dones dados por Dios se convirtieran en una fuente potencial de ruina para el alma.

Nuestros males comenzaron cuando Dios fue echado del santuario que tenía en nuestro corazón y permitimos la entrada de las “COSAS”. Estas “COSAS” se han apoderado del corazón humano.

 Los hombres no tienen ahora paz en su corazón, puesto que Dios ya no reina allí, sino que en la oscuridad moral en que ahora se encuentra, usurpadores obstinados y agresivos luchan por tener el primer lugar en el trono. Esta no es una simple metáfora, sino un análisis exacto de nuestro verdadero conflicto espiritual. Hay dentro del corazón humano la fibrosa raíz testaruda de una vida distorsionada cuya naturaleza es poseer, poseer siempre; que codicia las “COSAS” con una pasión ardiente y profunda. Cuando se escriben, los adjetivos y pronombres “MI” y “MÍO” lucen inocentes, pero su utilización constante y universal es significativa, porque expresan la verdadera naturaleza del viejo hombre adánico, mejor que mil libros de teología. Son los símbolos verbales de nuestra abismal enfermedad.

Las raíces de nuestro corazón se han convertido en cosas, y no nos atrevemos a arrancar una raicilla por el temor a morir. Las cosas se nos han vuelto necesarias, algo que nunca se tuvo la intención de que fuera así. Los dones dados por Dios han tomado ahora el lugar de Dios y todo el curso de la Naturaleza ha sido trastornado por esa monstruosa sustitución.”

El problema serio, relacionado con lo indicado por TOZER, es que, por nuestra naturaleza humana, cada vez queremos tener más cosas.

El hombre se ha llegado a definir por lo que tiene y no por lo que es. Una de esas COSAS, quizás la que ocupa un lugar preponderante, es el dinero. En su sermón titulado “Virtudes raras y admirables”, el expositor Bill Hybels narró la trágica historia de Howard Hughes: “Lo único que siempre deseó fue tener más. Quería más dinero, así que multiplicó la herencia que recibió hasta convertirla en una fortuna billonaria. Quería más fama y se introdujo en la industria del cine.

Pronto se convirtió en cineasta y actor. Quería más placeres y sin reparo pagaba enormes sumas de dinero para satisfacer sus caprichos sensuales. Quería experimentar emociones fuertes, así que diseñó, construyó y piloteó los aviones más veloces del mundo.

Quería más poder, así que tras bambalinas hizo favores a los políticos, de tal modo que dos presidentes de los Estados Unidos se convirtieron en sus títeres. Todo lo que quería era tener más y más.

Sin embargo, murió decrépito y descolorido, con las uñas crecidas a tal grado, que parecían tirabuzones de varios centíme­tros de largo.

Sus dientes, negros por la pudrición, su cuerpo lleno de tumores y con innumerables marcas dejadas por las agujas con que se inyectaba las drogas a que se hizo adicto. Murió creyendo todavía en el mito de que “más es mejor”.

Para tener una mayor idea: Howard Hughes fue un multimillonario empresario, magnate, inversionista, ingeniero autodidacta, aviador, productor y director de cine. Lo tenía todo y no tenía nada. Al respecto E. Stanley Jones dijo: «El dinero es un siervo maravillo­so, pero un amo terrible. Si se pone encima de tí y tú quedas debajo, te convertirás en su esclavo». 

El magnate Donald Trump dijo: “La verdadera medida del éxito es cuan feliz eres. Tengo muchos amigos que no tienen mucho dinero, pero son mucho más felices que yo, de modo que puedo decir que probablemente son más exitosos “.

Al multimillonario Rockefeller se le preguntó una vez cuánto dinero necesitaría para quedar satisfecho y contestó: “un poco más”. Cuando murió, la prensa, que no tenía el epíteto que ahora tiene parte de ella, persiguió por varios días al hombre de confianza de Rockeller, para formularle la pregunta sabida: - ¿cuánto había dejado ROCKEFELLER? Tal fue el acoso, que el administrador convocó a una conferencia, con una única respuesta: TODO, PORQUE NO SE PUDO LLEVAR NADA. Se levantó y abandonó el recinto. Pregunto: - ¿Alguna vez ha visto una carroza fúnebre que lleve pegado atrás un furgón con un montón de COSAS?

El rey Salomón, hijo de David, de quien no solo se dice que fue el hombre más sabio, sino el hombre más rico que haya existido, expresó: “Quien ama el dinero, de dinero no se sacia. Quien ama las riquezas nunca tiene suficiente”.  A veces como que nos cuesta entender que el contentamiento no se relaciona con nuestro guardarropa, ni con nuestra cuenta bancaria. El contentamiento no se obtiene por tener mucho, sino por desear poco. Independientemente de cuánto acumulemos, parece que nunca tenemos suficiente.

Mientras más tenemos, más queremos. Henry Kissinger, antiguo secretario de estado de los Estados Unidos, escribió: “… la tragedia consiste en desear mucho algo y no obtenerlo. Pero mucha gente ha tenido que aprender que talvez la peor de las catástrofes es desear mucho algo, obtenerlo y descubrir que no satisface”.

Pepe Mujica, expresidente de Uruguay, en forma muy acertada, dijo: “No soy pobre, soy sobrio, liviano de equipaje, vivir con lo justo para que las COSAS no me roben la libertad Aprendí que, si uno no puede ser feliz con pocas COSAS, no va a ser feliz con muchas COSAS.” La oración que hace Tozer para cerrar el escrito al que hice referencia inicialmente, es muy adecuada aquí: “Padre, quiero conocerte, pero mi cobarde corazón teme renunciar a las COSAS que te han desplazado. No me puedo separar de ellas sin sangrar por dentro, y no trato de esconder de ti el terror de la separación. Por eso vengo temblando ante ti, pero vengo. Arranca de mi corazón, por favor, todas esas COSAS que han sido mi deleite por tanto tiempo y que se han convertido en parte de mi vida, para que puedas entrar y morar allí sin que nada rivalice contigo. Entonces harás que sea glorioso el lugar donde asientas tus pies. Entonces mi corazón no tendrá necesidad de que el sol brille en él, porque tú serás su luz y ya no habrá más oscuridad. En el nombre de Jesús, amén.”.

 

 

Última actualización: 14/01/2023