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Movimiento político costarricense en el contexto de América

Eladio Soto Barquero/Arquitecto |
Movimiento político costarricense en el contexto de América
  1. Tendencia general: agotamiento de la izquierda y resurgimiento conservador

En el contexto americano —y particularmente desde la segunda década del siglo XXI— se percibe una caída estrepitosa de la izquierda como proyecto político-cultural hegemónico y, en paralelo, un resurgimiento del conservadurismo, entendido no solo como opción electoral sino como reacción civilizatoria. Este proceso no es improvisado ni coyuntural: es la consecuencia lógica de décadas de concentración de poder, burocratización ideológica y distanciamiento entre las élites políticas y las sociedades que dicen representar.

  1. Cuatro ejemplos paradigmáticos

Cuatro figuras condensan este viraje:

  • Donald Trump (EE. UU., 2016): ruptura con el consenso globalista, cuestionamiento del multilateralismo y reivindicación abierta de la soberanía nacional.
  • Javier Milei (Argentina, 2023): respuesta radical al colapso económico y moral producido tras años de kirchnerismo; impugnación frontal del estatismo, del gasto sin límite y del progresismo cultural.
  • Nayib Bukele (El Salvador, 2019): restauración del orden como condición previa a cualquier política social, desmontando el garantismo penal que había convertido al Estado en rehén del crimen.
  • Rodrigo Chaves Robles (Costa Rica, 2022): liderazgo disruptivo frente a la vieja partidocracia, confrontación directa con los poderes fácticos, cuestionamiento del aparato burocrático y énfasis en disciplina fiscal, atracción de inversión y ejecución de obra pública. Su gobierno se apoya más en el respaldo popular que en estructuras partidarias tradicionales, rompiendo con el consenso político que dominó al país durante décadas.

Aunque distintos en estilo y contexto, los cuatro comparten un rasgo común: desconfianza hacia los organismos supranacionales y hacia las ONG que han operado como brazos ideológicos sin legitimación democrática.

  1. Ruptura con la ingeniería cultural global

Desde los años noventa, y con mayor intensidad tras la caída de la Unión Soviética (1989–1991), ciertos organismos internacionales impulsaron una agenda cultural presentada como inevitable y moralmente superior. Bajo el lenguaje de los derechos se promovió la expansión industrial del aborto, la redefinición antropológica del ser humano y la pedagogía obligatoria en materia sexual e identitaria.

La reacción actual no es contra las personas —que deben ser respetadas— sino contra la imposición por la fuerza de una cosmovisión, incluso desde ministerios y políticas públicas, como ocurrió en Costa Rica durante gobiernos del PAC.

  1. Retorno a las columnas de la civilización occidental

El giro conservador se explica también como un intento de retomar los pilares que dieron origen a Occidente:

  • Grecia (siglos V–IV a. C.): la razón, el logos, la búsqueda de la verdad mediante el pensamiento crítico.
  • Roma (hasta el siglo VI d. C.): el derecho como estructura de convivencia; el Digesto de Justiniano (533 d. C.) y su máxima: la justicia es dar a cada uno lo que le corresponde.
  • Cristianismo (siglos I–IV d. C.): la afirmación radical de que el ser humano posee dignidad intrínseca por el solo hecho de pertenecer al género humano.

De esta síntesis surge una civilización orientada al bien, la verdad y la belleza. Cuando la percepción subjetiva —“cómo me percibo”— pretende sustituir estos fundamentos como base civilizatoria, el edificio entero comienza a resquebrajarse.

Los movimientos identitarios contemporáneos muestran signos evidentes de agotamiento cultural. El respeto es innegociable; la imposición ideológica, no.

  1. Desgaste y posible desaparición de los partidos tradicionales

La historia política demuestra que los partidos que permanecen demasiado tiempo en el poder tienden a concentrar privilegios, a cerrarse sobre sí mismos y a perder contacto con la ciudadanía.

En Costa Rica, este desgaste alcanza al PLN, al PUSC y al PAC.

El fenómeno no es local, sino regional:

      Kirchnerismo en Argentina,

      Morena–AMLO en México,

      Evo Morales en Bolivia, entre otros.

Todos comparten la tentación de confundir el Estado con el partido y la política con un botín.

  1. Costa Rica y el cambio de paradigma

En este contexto, Costa Rica busca un cambio de paradigma. El costarricense no aspira a un gobernante–capitán, sino a un servidor. La política se concibe como una acupuntura: intervenir lo necesario, donde duele, sin apropiarse del cuerpo social.

En esa lógica emerge el jaguarismo, más como tendencia cultural que como maquinaria partidaria. Su apoyo es asimétrico, pero profundo. Gane o no, la intuición ya está encarnada en una parte significativa del electorado.

  1. Cultura, poder y advertencia histórica

Ningún movimiento orientado a destruir la civilización occidental ha demostrado tener el andamiaje necesario para sostener un nuevo orden duradero. Tras el derrumbe soviético, la utopía no desapareció: mutó.

Antonio Gramsci (1891–1937) propuso la toma de la cultura como vía al poder. Desde entonces, la batalla dejó de librarse solo en la economía y pasó a la educación, el lenguaje y los símbolos. El resultado ha sido una lenta pero persistente erosión cultural.

  1. Cierre

La reacción actual no es nostalgia ni capricho: es respuesta histórica. Cuando la política se aleja de la razón, del derecho y de la dignidad humana, las sociedades buscan corregir el rumbo. Costa Rica, a su manera, ya está en ese proceso.

Última actualización: 29/01/2026