La salud que llegó puerta a puerta y ayudó a transformar 85 años de historia en la CCSS
Ataps constituyen parte fundamental de la Seguridad Social.
Funcionarios conecen a las personas en su entorno real, cómo viven y cómo se establecen las relaciones en su núcleo familiar, factores determinantes que inciden en la construcción de una verdadera salud integral.
El reloj despertador sonó a las 4:30 de la mañana. Era un día laboral más en el que había que empezar por levantar a las niñas, hacerles el desayuno, recordarles sus tareas y dejarlas en la escuela, para lograr estar, a eso de las 6:50 de la mañana, en el área de salud Zarcero.
Para entonces, Rosa Ivannia Soto Arrieta tenía cerca de 20 años de laborar como asistente técnica de atención primaria en la comunidad de Zarcero y, para ella, se trataba de un día más en su quehacer de recorrerla y visitar familias: revisar la presión arterial de don Ricardo, completar los esquemas de vacunación de Jairito y Sofía, preguntarle a doña Ana por su cita en el hospital y darse la vuelta por la casa de Gabriela, pues desde la última visita la había visto muy delgada y se había quedado con ese pensamiento.
Esta era parte de la planificación del día que Rosa Ivannia tenía para sus visitas. Al llegar a la casa de Gabriela, lo primero que notó fue una leve palidez en su rostro y que su peso continuaba disminuyendo. Le preguntó si estaba comiendo bien, a lo que ella respondió que sí, que incluso acababa de desayunar gallo pinto con huevos. Pero sus 20 años de andar caminos visitando familias ya le habían dado esa intuición de que algo no andaba bien con Gabriela.
Continuó haciéndole preguntas sobre cómo se sentía. Gabriela insistía en que estaba cansada por estar al cuidado de sus hijos, que ya eran tres desde el nacimiento de Laura, quien rondaba los 2 años. “Estoy bien, es solo cansancio”.
Rosa Ivannia le pidió realizarle una glicemia y el resultado, de 60 mg/dL, la convenció de que definitivamente algo andaba mal. Le volvió a preguntar si había comido y ella le aseguró que sí, por lo que no dudó en decirle que debía ir cuanto antes al área de salud para realizarse unos exámenes.
Gabriela dudaba y decía que le era difícil por el cuido de sus hijos. Rosa Ivannia le insistió e incluso le dijo que ella le ayudaría a coordinarlo.
Días después, Gabriela acudió al ebáis para que le realizaran sus exámenes, gracias a la coordinación de Rosa Ivannia. Mientras tanto, ella continuó con sus visitas a los hogares.
Pocos meses después regresó a visitarla. Cuando llamó a la puerta, se sorprendió al ver salir al esposo de Gabriela y no a ella, como era costumbre.
—Gabriela está internada desde hace días en el hospital. Le diagnosticaron leucemia, pero los doctores dicen que se detectó a tiempo. Usted fue quien le recomendó hacerse los exámenes. ¡Muchas gracias! —le dijo.
Tiempo después, Rosa Ivannia supo que Gabriela respondió de forma muy positiva al tratamiento y logró superar la enfermedad.
Hoy hay una madre que pudo acompañar a sus hijos y verlos crecer gracias a la intervención de una atap.
UNA LABOR QUE IMPACTA VIDAS
Aún no alcanza una década de laborar como atap, pero ya ha tenido vivencias que han impactado su vida. Josebeth Serrano Carmona se estrenó como atap en el área de salud San Ramón durante la pandemia de covid-19, cuando su trabajo se centró en la vacunación durante aproximadamente tres años.
Después de ese tiempo y, una vez controlada la pandemia, comenzaron a realizarse las primeras visitas a la comunidad.
Conforme estas visitas se incorporaron a su rutina diaria, Josebeth comenzó a comprender el impacto que los atap podían tener en la vida de las personas.
Un día recibieron una referencia de Trabajo Social para visitar a una adulta mayor que, en apariencia, vivía sola y a quien llamaremos Carmen.
A la visita fueron Josebeth y dos compañeras más. Al llegar a la vivienda, encontraron a doña Carmen sola y no podían ingresar al inmueble porque el acceso estaba cerrado con llave.
No tuvo que pasar mucho tiempo para que se dieran cuenta de que la adulta mayor estaba completamente sola y presentaba signos de desorientación asociados a un trastorno mental que, posteriormente, fue diagnosticado como Alzheimer.
Josebeth comenta que lograron localizar por teléfono a un hijo, quien, en apariencia, era quien la cuidaba, pero les mencionó que no podía llegar al lugar en ese momento.
Mientras esperaban, trataban de conversar con ella desde el otro lado del portón. En un momento, doña Carmen mencionó que iba a llamar a su mamá, quien supuestamente estaba atrás, en el cafetal, lo que evidenciaba su desorientación.
La condición de la adulta mayor la colocaba en una situación de vulnerabilidad que requería una intervención inmediata.
Ante este panorama, llamaron a la Fuerza Pública para que pudieran abrir los portones y a personal médico, mediante una ambulancia, para que valorara su condición de salud. Una vez que pudieron tener acceso a doña Carmen, fue trasladada al hospital, donde posteriormente el servicio de Trabajo Social continuó con su seguimiento.
Josebeth comenta que esta experiencia marcó de manera importante su vida, tanto que define su labor como un antes y un después de doña Carmen.
Indica que, gracias a la intervención de los atap en este caso y al abordaje que se realizó con otras instancias, el hijo de doña Carmen finalmente logró implementar lo necesario para que su madre tuviera compañía y cuidados durante las 24 horas del día.
Josebeth comprendió, a partir de este momento, que su labor podía realmente impactar en la vida de las personas, tanto como las personas y sus circunstancias podían impactar en la suya.
ATAP: PREVENCIÓN, ACOMPAÑAMIENTO Y CERCANÍA EN CADA COMUNIDAD
Para el Dr. Gabriel Ugalde Rojas, enfermero obstetra y epidemiólogo de la Coordinación Nacional de Enfermería de la CCSS, los atap han sido, a lo largo de la historia, un puente permanente entre la comunidad y el sistema de salud. Desde su creación, en 1971, han sido uno de los pilares más importantes de la atención primaria en salud y una de las figuras que mejor representan la vocación preventiva, solidaria y comunitaria que caracteriza al modelo costarricense.
La participación de los atap ha sido preponderante en diferentes momentos. Así, entre 1970 y 1980, su presencia en las comunidades permitió llevar educación sanitaria, vacunación y control de enfermedades infecciosas, así como dar seguimiento a las familias rurales y dispersas.
Mencionó que, para la década de 1990, con la reforma del sector salud y la creación de los ebáis, estos funcionarios contribuyeron de manera decisiva a ampliar las coberturas de vacunación, así como a incrementar el control del crecimiento y desarrollo infantil, fortalecer la atención prenatal y promover el parto hospitalario.
De acuerdo con el Dr. Ugalde, entre 2000 y 2020, ante las transformaciones demográficas y epidemiológicas que experimentó nuestro país, caracterizadas por las enfermedades crónicas no transmisibles, la obesidad, el envejecimiento poblacional y la disminución de la natalidad, los atap incorporaron nuevas estrategias orientadas a la detección oportuna de factores de riesgo cardiovascular, hipertensión arterial, diabetes, obesidad y otras condiciones crónicas.
Los atap han llevado la Seguridad Social hasta los hogares, escuelas, centros de trabajo y comunidades durante más de cinco décadas. Durante este tiempo, han contribuido a mejorar la esperanza y la calidad de vida de la población mediante acciones de prevención, educación, vigilancia y atención primaria.
El Dr. Ugalde indicó que quizá el principal desafío hacia el futuro será continuar ampliando esa cobertura en un contexto de crecimiento poblacional, envejecimiento demográfico y cambios en las expectativas ciudadanas.
Sin embargo, la esencia de su misión permanece intacta: estar donde las personas viven, estudian, trabajan y conviven para proteger su salud antes de que la enfermedad aparezca, recalcó
Última actualización: 09/10/2026








