LA PRIMERA BORRACHERA. CUENTO
A Enrique se le había dicho desde niño que tomar licor es dañino para la salud. Eso se lo dijo su papá: ´´ Tomar guaro es malo´´.
´´Es un vicio muy peligroso, podría volverse alcohólico´´. Y de seguido nombraba algunas personas que habían caído en ese terrible vicio y lo habían perdido todo, su familia, sus bienes, amistades y deambulaban por las calles de la ciudad.
Enrique cursaba el cuarto año del colegio, tenía dieciséis años, era el año de 1963, nunca había probado licor, ni fumado. Era obediente con su padre.
Como sucede en muchas situaciones de la vida, resulta que una compañera del colegio de Enrique, iba a contraer matrimonio, por tal motivo le prepararon los compañeros una fiesta de despedida de soltera y del Cole en casa de una compañera.
La fiesta estaba bien organizada, era la primera que Enrique iba asistir en horas de la noche, para ese año, se consideraba un poco fuera de la ciudad, la iluminación pública no era suficiente, se caminaba entre la penumbra.
Para ir a la actividad llegaron tres compañeros y grandes amigos del colegio a la casa de Enrique, para irse todos en grupo.
Salieron los cuatro compañeros de la casa, estando ya en la acera, dijo Alberto, ´´pasemos a la cantina y nos tomamos un trago para llegar contentos´´.
Entraron todos a la cantina que quedaba en una de las esquinas frente al parque. El cantinero atento saludó a los cuatro estudiantes, luego les preguntó ´´que se les ofrece´´. Respondió Alberto, ´´cuatro tragos de ron colorado´´. Enrique sorprendido dijo, yo no tomo guaro. Nunca lo he probado y no lo voy hacer ahora.
La reacción de los tres compañeros fue de burla y hacer presión, le dijeron ´´es un trago para calentar y llegar bien a la fiesta´´. ´´No te va hacer daño, es un trago nada más. Vea se toma así, se toma de un solo ´´tiro´´ y luego se toma un trago de ese refresco y no pasa nada´´.
Después de tantos ruegos y presión, Enrique por fin se tomó su primera copa de licor, tal como le explicaron. Su rostro reflejó un disgusto cuando bajaba por su garganta aquella bebida alcohólica que le quemaba la garganta, pero no podía fallarle a sus compañeros de aventuras y bromas.
Luego dijo José, cantinero sirva el ´´zarpe´´. Así fue, una segunda copa casi llena de ron colorado de a un colón, con su respectiva boca para alivianar el efecto.
Al ser las siete de la noche salieron de la cantina rumbo a la fiesta, de camino, Gerardo sacó del bolsillo de la camisa una cajetilla de cigarrillos Capri y les ofreció a sus compañeros, Enrique no aceptó el cigarro, nunca había fumado.
´´Mirá Enrique fumar es fácil, solo tenés que encender el cigarro, halar y botar el humo, vea, no cuesta nada. Pero lo bueno es golpear el cigarro´´. Preguntó Enrique: ´´cómo es eso´´. Respondió Gerardo: ´´, se hace así: ´´se jala el humo del cigarro encendido, se lleva adentro, hasta los pulmones, se retiene un rato ahí y luego se bota el humo lentamente por la nariz y la boca. Eso es para saborear el cigarro´´.
A Enrique no le quedó más opción que encender un cigarro Capri y empezar a fumar, en los primeros intentos le dio tos y casi se ahoga con el humo, luego le fue tomando el gusto y hasta aprendió hacerlo ese mismo día.
Al fin llegaron los cuatro jóvenes a la casa de la fiesta, ya iban un poco afectados con el licor, especialmente Enrique que tuvo que tomarse las dos copas de ron colorado.
Para animar la fiesta, los organizadores prepararon en una olla grande, con una bebida llamada compuesto, dicen que lo prepararon con un litro de guaro, otro litro de ron colorado, coca cola, gin, y unas zarzas de la Muñoz. Los asistentes metían un cucharón en la olla para luego llenar el vaso, y disfrutar esa bebida espirituosa.
Enrique quien nunca había tomado licor, con motivo de esa fiesta, no solo tomó por primera vez, sino que al ingerir o mezclar diferentes bebidas con alcohol le produjo un gran mareo, lo que comúnmente se dice, se emborrachó.
Eso fue algo terrible, Enrique perdió el control de lo que hacía, se puso a bailar solo, a cantar, a llorar, a hablar de todo, a dar bromas y como la comida le cayó mal, hasta se vomitó.
Pero la gran travesura no terminó en la fiesta, al llegar a altas horas de la noche a su casa, aún borracho, al verlo su hermano mayor, le dio duro por la boca para que nunca más volviera a tomar guaro.
Enrique se durmió profundamente, al día siguiente, se miró al espejo, vio su boca golpeada, no aguantaba el dolor de cabeza y la sed no se le quitaba con agua. Esa fue una gran lección aprendida por Enrique y en cabeza propia. Además, esa experiencia la cargó en su conciencia por mucho tiempo como una vergüenza moral. Este cuento te lo cuento como me lo contó Enrique.
Última actualización: 04/09/2026








