Columnistas

GRECIA DEBE AVANZAR HACIA UN CANTÓN RESILIENTE

Lic.Alba Quesada/vicealcaldesa de Grecia |
GRECIA DEBE AVANZAR HACIA UN CANTÓN RESILIENTE

Desde que esta administración municipal asumió la Alcaldía, ha venido impulsando iniciativas y proyectos con una visión de futuro para nuestro cantón, en concordancia con los compromisos planteados en su plan de gobierno.

Es precisamente bajo esa visión que surge la Política Cantonal de Gestión del Riesgo, una iniciativa que va mucho más allá de crear un documento o cumplir con un requisito administrativo. Lo que se pretende es fortalecer un área que, históricamente, no siempre ha recibido la atención, los recursos y la importancia que merece dentro de la gestión municipal.

Debemos comprender que la gestión del riesgo no comienza cuando ocurre una emergencia, sino mucho antes, cuando tenemos la capacidad de identificar las amenazas, reducir las vulnerabilidades y planificar para evitar o disminuir sus consecuencias.

La autoridad municipal tiene la responsabilidad de la coordinación del Comité Municipal de Emergencias (CME), en conjunto con las instituciones que integran el sistema de atención de emergencias. Sin embargo, la gestión del riesgo no puede limitarse únicamente a la respuesta cuando sucede un evento. Debe convertirse en un componente permanente de la planificación y la inversión municipal.

¿Qué pretende esta política?

Uno de sus planteamientos más importantes es destinar, como mínimo, un 1 % del presupuesto ordinario municipal anual a acciones de prevención, mitigación y preparación ante emergencias.

Esto permitirá contar con recursos para desarrollar estudios técnicos, identificar zonas vulnerables, ejecutar obras de mitigación, fortalecer las capacidades institucionales y promover infraestructura resiliente, diseñada para soportar mejor los efectos de eventos naturales extremos.

En nuestro cantón hemos experimentado, de manera recurrente, incidentes asociados con eventos meteorológicos, inundaciones, deslizamientos y otros eventos que afectan a nuestras comunidades. Por eso, debemos pasar de una gestión principalmente reactiva a una gestión cada vez más preventiva.

Esto significa planificar obras con criterios técnicos, mejorar los sistemas de drenaje, incorporar la gestión del riesgo en el ordenamiento territorial y, donde las condiciones lo permitan, implementar soluciones basadas en la naturaleza, que contribuyan a reducir las amenazas y mejorar las condiciones ambientales.

También significa fortalecer el recurso humano especializado en esta materia. Actualmente, esta área funciona con una estructura limitada, por lo que la propuesta contempla su fortalecimiento mediante la creación de un Departamento de Prevención del Riesgo y atención emergencias, capaz de coordinar esfuerzos, generar información técnica y acompañar a las diferentes dependencias municipales.

Es importante entender que estos cambios no se materializan de la noche a la mañana. Son procesos que requieren planificación, recursos, personal capacitado, coordinación institucional y continuidad en el tiempo.

Los resultados de una política de esta naturaleza deben valorarse con una visión de mediano y largo plazo. Lo importante es comenzar a construir hoy las capacidades que nuestro cantón necesitará mañana.

LA PREVENCIÓN ES UNA RESPONSABILIDAD DE TODAS Y TODOS

Tampoco podemos pensar que toda la responsabilidad recae exclusivamente en la Municipalidad.

Como ciudadanos tenemos un papel fundamental: disponer adecuadamente las aguas pluviales, evitar obstruir los sistemas de alcantarillado, construir respetando las normas técnicas y el Código Sísmico, conocer las amenazas de nuestro entorno y contar con planes de emergencia en nuestros hogares, centros educativos y lugares de trabajo.

Acciones tan sencillas como preparar un botiquín, identificar rutas de evacuación y mantenernos informados mediante fuentes oficiales pueden marcar una enorme diferencia.

Hoy tenemos mayor acceso a información sobre las emergencias que ocurren en Grecia, en Costa Rica y en el mundo. Esto nos permite estar más atentos, pero también nos expone a información incorrecta o interpretaciones que pueden generar confusión.

Por eso, es fundamental acudir a fuentes oficiales y técnicas, particularmente a la Comisión Nacional de Prevención de Riesgos y Atención de Emergencias (CNE) cuando se trata de alertas y recomendaciones ante situaciones de emergencia.

NO TODO DESASTRE ES CONSECUENCIA DE LA FALTA DE PREVENCIÓN

Ante los acontecimientos de los últimos días, resulta muy sencillo afirmar que todo lo ocurrido es producto de una falta de prevención. Sin embargo, esa afirmación desconoce la complejidad de los eventos naturales y las condiciones de vulnerabilidad que se han acumulado en nuestros territorios durante décadas.

La prevención es indispensable, pero no significa que podamos impedir que llueva intensamente, que ocurra un sismo o que se presente un evento natural extremo.

Lo que sí podemos hacer es prepararnos mejor, reducir nuestra exposición, disminuir nuestras vulnerabilidades y procurar que las consecuencias sean cada vez menores.

Tampoco sería responsable prometer que una política pública eliminará todos los riesgos. Su verdadero valor está en establecer una ruta para conocerlos, gestionarlos y reducir progresivamente sus impactos.

Por eso, invertir en prevención no debería verse como un gasto innecesario, sino como una inversión en seguridad, infraestructura, bienestar y calidad de vida.

Las obras que hoy puedan parecer excesivas o las medidas preventivas que algunos consideren innecesarias podrían convertirse mañana en la diferencia entre una comunidad preparada y otra que enfrenta consecuencias mucho más graves.

Los recientes acontecimientos nos recuerdan que no basta con reconstruir lo que se daña; debemos procurar reconstruir mejor, planificar mejor y adaptarnos a las nuevas condiciones. 

Grecia necesita avanzar hacia un modelo de desarrollo en el que la gestión del riesgo sea parte de las decisiones sobre infraestructura, ambiente, ordenamiento territorial y presupuesto municipal.

Esta política no representa una solución mágica ni inmediata, pero sí plantea una ruta para fortalecer la prevención y construir capacidades que trasciendan una administración municipal.

Las políticas públicas deben pensarse para el futuro del cantón, no solamente para el período de quienes circunstancialmente ejercen la administración.

Podemos tener diferencias de criterio sobre cómo implementar las acciones, cuáles deben ser las prioridades o cómo utilizar los recursos públicos. Ese debate es necesario y saludable. Pero debe darse con argumentos, información técnica y una visión de largo plazo.

Porque al final, el objetivo debe ser uno solo: proteger a nuestra población, evitar las pérdidas humanas, reducir materiales y sobre todo mejorar la calidad de vida de nuestra gente.

Aspiremos a una Grecia que no solamente reaccione ante las emergencias, sino que aprenda de ellas, se prepare y trabaje permanentemente para reducir sus riesgos.

Última actualización: 12/10/2026