EL TUBO NEGRO. CUENTO.
Me lo dijo Papá cuando aún yo era un niño de 6 años, no pases nunca de noche debajo del tubo negro.
No olvido las caminatas hasta la Finca sembrada con café y caña de azúcar ´´Donde Monge´´, camino a la Cooperativa Victoria, corría los años de 1954, yo tenía que llevarle en algunas ocasiones el almuerzo a Papá o alguno de mis tíos, hasta esa finca, cuando realizaban alguna actividad de siembra.
Era un recorrido como de un kilómetro y medio desde mi casa, todo el camino se hacía caminando. En algunas ocasiones, se podía montar en alguna carreta cargada de caña, o de café. Era más difícil guindarse en un chapulín, porque se le podía caer la portavianda cargada con arroz, frijoles, carne, un huevo frito, plátanos maduros y ensalada.
Durante el día pasar por debajo del tubo negro, no causaba ningún temor. Ese tubo sirvió para llevar agua de acequia, para irrigar las fincas de caña y café al otro lado de la carretera.
Durante la noche era una verdadera hazaña pasar debajo del tubo negro, las sombras y temores se apoderaban de la zona, se sentía un escalofrío en el cuerpo y se le erizaban los pelos a cualquiera que osara pasar caminando debajo del tubo negro.
La razón del terror era que se escuchaban ruidos extraños y voces desde el matorral y la plantación de bambú que había en la margen derecha de la calle.
Antonio tuvo el valor de atreverse a pasar a las 8 de la noche debajo del tubo negro. Cuando le faltaba unos diez metros, comenzó a rezar en voz baja para protegerse de los malos espíritus que viven entre los bambúes.
Al escuchar Antonio los extraños ruidos y voces, el miedo lo invadió, echó a correr a más no poder. Llegó tan asustado a la casa, que su cara era como un papel blanco. Papá lo recibió y al enterarse de dónde andaba le dio una gran regañaba.
Te lo dije mil veces, que no pasara de noche por donde está el tubo negro, le replicó el Papá enojado, usted sabe que ahí asustan de noche.
Antonio queriendo convencer a su padre, le dijo, quería saber si era verdad que ahí asustaban. Y qué dices ahora. Si, papá ahí asustan, yo oí ruidos muy extraños y las cañas de bambú se movían mucho. Bueno, terminó diciendo el Papá, ya sabe de noche nunca más ir a ese lugar.
Según cuentan las leyendas urbanas, en ese lugar se daban cita las parejas para expresarse el amor. Por eso se escuchaban voces y sonidos extraños. Las ramas y hojas secas del bambú se movían, todo eso aumentaba el misterio del rincón amoroso durante las noches de Luna. Aquí termino este cuento, como me enteré te lo conté.
Última actualización: 18/08/2026






