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El susto

Lic. Edgar Alfaro Vargas/Abogado y Notario Público |
El susto

Era una noche con neblina, muy propia de las que se dan en Grecia durante el invierno, cuando después de la lluvia, la ciudad se cubre de un manto blanquecino misterioso.

Son esas noches tenebrosas de los años de 1962, en que da miedo salir de la casa para ir al parque, detrás de la iglesia a jugar salvo la banca, o visitar amistades.

Se había hecho costumbre para algunos jóvenes del Cole asustar a las compañeras, para ello se escondían detrás de la baranda de cemento que estaba alrededor de la iglesia Las Mercedes.

También asustaban en el Parque, se ocultaban detrás de algún árbol, para sorprender cubierto con una manta, y decir con voz misteriosa: ´´Uuuhhh, soy un espíritu´´. Los gritos siempre era la respuesta de la persona que era asustada por el fantasma.

La ciudad de Grecia aún no tenía una iluminación pública con bombillos fuertes y en muchas partes predominaban las penumbras. 

Resulta que esa noche Antonio, tomó una sábana blanca de la pensión, la dobló bien y fue a esconderse detrás de la baranda de cemento de la iglesia, al lado adentro, sea al lado del jardín.

Ahí espero un rato, sabía bien que al ser las 9 de la noche su compañera Brunilda y su hermana pasarían por la acera de la iglesia, precisamente donde él se ocultaba.

Poco antes de las nueve de la noche, se había colocado la sábana blanca, para cubrirse gran parte de su cuerpo.

Antonio confiaba que esa iba a ser la travesura de su vida y en el Cole lo verían como el mejor, el campeón para dar bromas, un gran título en esos tiempos.

Al ser la nueve de la noche las campanas del reloj de la iglesia comenzaron a sonar, Antonio ansioso esperaba que su compañera y hermana pasaran por donde las esperaba para asustarlas.

Exactamente cuando pasaron por la esquina de la baranda saltó Antonio con la sábana y gritó: ´´Uhhh, soy el fantasma de la iglesia´´.

Se oyeron dos gritos escalofriantes por toda la ciudad, ambas corrieron con gran rapidez a su casa que estaba cerca de aquel lugar.

La reacción del padre de las jóvenes fue inmediata, se fue a su cuarto, abrió la gaveta de la cómoda, tomó su revolver y se a buscar el fantasma para darle la lección de su vida. 

Como advertencia estando en la calle, el padre molesto lanzó un disparo al aire como advertencia. El fantasma salió corriendo a guarecerse al pequeño hotel de su padre, ubicado al sur del parque.

Hasta allí llegó el padre ofendido por el tremendo susto que dejó sin habla a sus hijas.

El fantasma se escondió debajo de una cama, en uno de los cuartos, ahí lo encontró su papá, a quien llorando de temor le pidió lo salvara ante tan grave error que había cometido.

Antonio, el fantasma de la iglesia, tuvo que descubrir su rostro ante el padre de las ofendidas con tremendo susto y rogar que lo perdonara, que nunca más volvería asustarlas. Fin del cuento

Última actualización: 21/05/2026