El señor SÍ le responde al señor NO
En días recientes apareció una publicación titulada “¿Realmente se necesita un espacio tipo anfiteatro o auditorio en Grecia?”, firmada bajo el seudónimo de “Dalve Intérprete”, en la cual se cuestiona una propuesta arquitectónica que he presentado públicamente para nuestra ciudad.
Como el autor utiliza reiteradamente la palabra “NO” en mayúsculas, y como yo prefiero responder dando la cara y firmando con mi nombre, fotografías y trayectoria profesional, propongo que para efectos de esta respuesta lo llamemos simplemente el Señor NO.
Yo seré, entonces, el Señor SÍ.
Y no porque considere que toda propuesta deba aprobarse automáticamente, sino porque en arquitectura las ideas se discuten con argumentos, criterios técnicos y propuestas alternativas, no mediante mayúsculas.
El Señor NO descubrió que Grecia necesita cultura
Hay algo en lo que el Señor NO y yo coincidimos completamente: Grecia necesita más actividad cultural y artística.
Él habla de conciertos, teatro, danza, festivales, encuentros de artistas, proyectos culturales y de la necesidad de financiar esas actividades.
Perfecto.
Entonces resulta curioso que, después de reconocer esa necesidad, su respuesta a una propuesta concreta sea comenzar diciendo NO.
Mi propuesta nunca ha planteado que Grecia necesite construir ahora un enorme auditorio, ni un teatro monumental, ni una edificación costosa que requiera una gran burocracia para funcionar.
Eso simplemente no es lo que propuse.
Lo que planteé es mucho más sencillo: aprovechar el histórico quiosco del Parque Central como escenario y crear frente a él un espacio semiabierto, liviano y de escala urbana, mediante cinco arcos ojivales que proporcionen protección al público y permitan disfrutar mejor de pequeñas presentaciones musicales y culturales.
Es decir: un pequeño teatro abierto, no un gran teatro cerrado.
Por eso me resulta particularmente interesante que el Señor NO dedique buena parte de su argumentación a combatir un proyecto que yo nunca propuse.
Arquitectura no es simplemente poner un edificio donde haya un terreno
El Señor NO plantea una preocupación legítima cuando señala que una infraestructura cultural requiere recursos para funcionar.
Por supuesto.
Eso lo sabe cualquier arquitecto responsable.
Un proyecto arquitectónico serio debe considerar su función, escala, costos, mantenimiento, integración urbana, estructura, materiales, impacto y viabilidad.
Precisamente por eso mi propuesta habla expresamente de una intervención conceptual, económica, reversible y técnicamente estudiable, cuya solución definitiva deberá ser objeto de los estudios, diseños, cálculos estructurales y permisos correspondientes.
No estoy proponiendo construir mañana cinco arcos porque sí.
Estoy proponiendo abrir una posibilidad para que Grecia discuta una solución.
Y aquí aparece una diferencia fundamental entre ambas posiciones:
El Señor NO habla de lo que, según él, Grecia no necesita.
El Señor SÍ presenta una alternativa concreta sobre lo que podría hacerse.
¿Por qué cinco arcos?
Porque una propuesta arquitectónica no se justifica diciendo simplemente “me gusta” o “no me gusta”.
Los cinco arcos responden a una intención espacial, climática y urbana.
Buscan generar una cubierta liviana sobre el área destinada al público, proporcionar protección principalmente frente al sol y las lluvias moderadas y, al mismo tiempo, conservar la condición abierta del Parque Central.
Además, existe una relación arquitectónica evidente que no puede ignorarse: el Templo de Grecia se encuentra aproximadamente a 50 metros del quiosco, prácticamente frente a frente.
La geometría ojival propuesta busca establecer un diálogo visual con esa arquitectura histórica, sin pretender copiarla.
Eso se llama criterio arquitectónico.
Y si alguien considera que existen mejores soluciones, magnífico: que las presente.
Así es como se construye una discusión profesional.
No estoy proponiendo un “cascarón” vacío
El Señor NO advierte sobre el peligro de construir edificios que después permanezcan sin uso.
Estoy de acuerdo.
Pero nuevamente, está respondiendo a otra cosa.
Mi propuesta precisamente parte de un espacio que ya existe y ya tiene una función cultural: el quiosco del Parque Central.
La pregunta no es:
“¿Construimos un gran edificio cultural?”
La pregunta es:
“¿Podemos mejorar y ampliar las posibilidades de utilización cultural de un espacio que Grecia ya posee?”
La respuesta, desde mi perspectiva profesional, es sí.
Y por eso propongo estudiarlo.
El público también forma parte de la arquitectura
Hay otro aspecto que considero importante.
Cuando una agrupación musical se presenta en el quiosco, el problema no es únicamente dónde colocar a los músicos.
También hay que preguntarse:
¿Dónde se coloca el público?
Actualmente existen pocas bancas y una cantidad limitada de lugares adecuados para permanecer frente al escenario. Muchas personas terminan escuchando desde sectores alejados del quiosco.
La arquitectura puede intervenir precisamente allí.
Un espacio cultural no está constituido solamente por un escenario.
Está constituido por el escenario, los intérpretes, el público y la relación espacial entre todos ellos.
Por eso mi propuesta de los cinco arcos no es un capricho ornamental.
Es una manera de intentar resolver un problema urbano concreto.
Y aquí aparece la ironía
El Señor NO dice que primero hay que sembrar antes de cosechar.
Estoy completamente de acuerdo.
Pero para sembrar hay que tener semillas.
Y una de esas semillas puede ser precisamente una propuesta.
Las ciudades no avanzan únicamente diciendo:
“No”.
Avanzan cuando alguien dice:
“¿Y si hacemos esto?”
Después vendrán quienes digan que es caro, quienes propongan otra solución, quienes calculen la estructura, quienes estudien los materiales, quienes analicen el comportamiento climático y quienes determinen si finalmente es viable.
Así funciona la arquitectura.
Primero existe una idea.
Después viene el análisis.
Luego el diseño.
Después la ingeniería.
Después el presupuesto.
Y finalmente, si todo resulta favorable, la construcción.
Pretender que solamente debemos hablar de financiamiento cultural y nunca plantear soluciones espaciales es como decir que debemos tener conciertos, pero que el lugar donde se realizan es un asunto secundario.
No lo es.
¿Quién es el Señor SÍ?
Quizá sea necesario explicar por qué me tomo la libertad de responder de esta manera.
No soy un comentarista que apareció ayer para opinar sobre arquitectura.
Soy arquitecto, con una trayectoria profesional de décadas, y he dedicado una parte importante de mi vida a la arquitectura, la valoración, la cultura y la música.
Además de mi ejercicio profesional, he participado activamente en la vida cultural de Grecia.
Fui directivo del Centro de la Cultura de Grecia y, entre otras acciones concretas, doné un piano a esa institución, instrumento que puse a disposición de las actividades culturales de nuestra comunidad.
No presento estos antecedentes para reclamar privilegios.
Los menciono porque existe una diferencia entre opinar desde afuera sobre la cultura y haber dedicado tiempo, trabajo, recursos y patrimonio personal a ella.
Y existe otra diferencia todavía más sencilla:
Yo firmo mis propuestas con mi nombre y doy la cara.
Mi nombre es Eladio Soto Barquero.
Mi profesión es pública.
Mi trayectoria es pública.
Mi fotografía es pública.
Mis propuestas pueden ser examinadas, cuestionadas y criticadas públicamente.
Eso es exactamente lo que debe ocurrir en una sociedad abierta.
Pero cuando alguien pretende descalificar una propuesta profesional, lo mínimo que corresponde es hacerlo con argumentos de igual naturaleza.
Señor NO, bienvenido al debate
Por eso, Señor NO, no tengo ningún problema con que usted discrepe de mi propuesta.
Al contrario.
Le agradezco que haya abierto el debate.
Pero si vamos a discutir arquitectura, discutamos arquitectura.
Si considera que los cinco arcos son técnicamente inviables, explique por qué.
Si considera que son demasiado costosos, presente una estimación.
Si considera que afectan negativamente el paisaje urbano, explique técnicamente de qué manera.
Si considera que existe una solución mejor, preséntela.
Eso sería extraordinariamente útil para Grecia.
Lo que no aporta demasiado es escribir NO en mayúsculas.
Porque un “NO” sin argumentos puede ser muy grande tipográficamente y muy pequeño arquitectónicamente.
Grecia merece propuestas, no solamente negativas
Grecia no necesita escoger entre cultura y arquitectura.
Necesita ambas.
Necesita artistas.
Necesita gestores culturales.
Necesita financiamiento.
Necesita programación.
Necesita espacios.
Y necesita ciudadanos dispuestos a proponer soluciones.
Mi propuesta no pretende ser la última palabra.
Pretende ser la primera palabra de una conversación.
Si después de estudiarla se concluye que existen mejores alternativas, estupendo.
Si los estudios demuestran que debe modificarse, se modifica.
Si se determina que debe reducirse, se reduce.
Si aparece una solución mejor, bienvenida sea.
Pero no confundamos criticar una propuesta con demostrar que es equivocada.
Son cosas muy diferentes.
Por mi parte, seguiré siendo el Señor SÍ.
SÍ a discutir.
SÍ a proponer.
SÍ a estudiar.
SÍ a mejorar.
SÍ a la arquitectura.
SÍ a la música.
SÍ a la cultura.
Y, sobre todo, SÍ a que Grecia tenga la oportunidad de imaginar algo mejor que lo que tiene hoy.
Porque una ciudad que solamente sabe decir NO puede conservar muy bien lo que tiene.
Pero una ciudad que alguna vez quiere transformarse necesita que alguien tenga el valor de decir:
SÍ, estudiémoslo.
La acción de un arquitecto de defender su proyecto concebido en su corazón es un acto de responsabilidad sobre la oferta.
Última actualización: 15/10/2026








